Desafíos de las ciudades resilientes

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Se deben realizar esfuerzos para aumentar la resiliencia en las ciudades para que el cambio climático no tenga efectos desbastadores en los habitantes de las urbes.

Pero, ¿Qué son las ciudades resilientes?  De acuerdo con la Real Academia Española, la resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Realmente las ciudades están preparadas para resistir desastres naturales.

En ese sentido, la Organización de Naciones Unidas (ONU) con el Programa de Perfiles de Ciudades Resilientes (CRPP, por sus siglas en inglés) provee a gobiernos nacionales y locales herramientas necesarias para medir y aumentar la resiliencia frente al impacto de múltiples amenazas, entre ellas, las relacionadas con el cambio climático.

Sin embargo, el Banco Mundial en su programa de Ciudades Resilientes, destaca que “La baja resiliencia en las ciudades en crecimiento es particularmente peligrosa para los habitantes pobres de las zonas urbanas. En el mundo, 881 millones de residentes urbanos viven en barrios marginales, un aumento del 28 % desde 2000. Estos asentamientos informales y no planificados suelen ser construidos en lugares de alto riesgo, tales como pendientes o terrenos inundables, y carecen de infraestructura básica de reducción de riesgos”.

Actualmente es necesario desarrollar iniciativas que impulsen la resiliencia, con el objetivo de saber que traerá beneficios a todos los habitantes de las  urbes.

“El crecimiento rápido, si no va acompañado de iniciativas que procuren impulsar la resiliencia, expone a las ciudades de todo el mundo a un riesgo enorme”, dijo Ede Ijjasz-Vasquez, director superior de las Prácticas Mundiales de Desarrollo Social, Urbano y Rural, y Resiliencia del Grupo Banco Mundial de America Latina y el Caribe.

¿Cuáles son los riesgos de no desarrollar Ciudades resilientes?

Si sus esfuerzos son específicamente en infraestructura para mantener un rápido crecimiento, los riesgos a desastres por el cambio climático estarán aumentando.

Y por ende desencadenan las siguientes consecuencias:

  • Derrumbes
  • Edificios colapsados
  • Puentes rotos
  • Apagones
  • Inundaciones
  • Incendios

Sin embargo, hay razones para ser optimistas. Aún no se ha construido casi el 60 % de las áreas urbanas que existirán en 2030, lo que significa que el mundo tiene una oportunidad no muy prolongada de hacer inversiones, pero para ello se necesita un monto considerable de financiamiento.

El dinero necesario para hacerlo ya existe: en todo el mundo hay USD 106 billones de capital institucional disponible entre fuentes de financiamiento público, privado y filantrópico. No obstante, ahora, solo el 1,6 % de ese monto se invierte en infraestructura, menos aún en iniciativas para hacer resiliente esa infraestructura.

Pero en fin, en un mundo globalizado muchas sociedades están conscientes de la escasez de recursos del planeta y muchas ya están sufriendo las consecuencias por la falta de capacidad de protegerse a desastres que les amenazan.

“Es el momento de dar un paso más hacia la resiliencia, haciendo partícipes a los ciudadanos e invirtiendo en educación y formación, para convertir nuestras ciudades en un lugar más habitable, más seguro, con mayor calidad de vida y, en definitiva, más resilientes” detalla Maíta Fernández-Armesto y Gemma Noguera, especialistas de ONU Hábitat en España. Con información de. El país, ONU y Banco Mundial.