Desafíos en la región al negociar DR-CAFTA

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Si bien América Central y la República Dominicana se beneficiarían de la aceleración económica esperada en Estados Unidos, estos países también podrían enfrentar desafíos si el proteccionismo estadounidense llegara a ganar tracción en los próximos años, dice corporación financiera Fitch Ratings.

Las economías pequeñas y de ingresos bajos de DR-CAFTA están íntimamente ligadas a Estados Unidos a través de canales de comercio, inversión extranjera directa y remesas de trabajadores. El caso base de Fitch asume que la actividad económica en Estados Unidos seguirá respaldando la región durante el actual horizonte de calificación, pero que el cambio en las prioridades de política en ese país ha ladeado los riesgos hacia la baja.

Fitch estima que la probabilidad de renegociar DR-CAFTA o el tratado de libre comercio entre Panamá y Estados Unidos es baja. Cada uno de los países miembros, con la excepción de Nicaragua, ha registrado un déficit en su balanza comercial con Estados Unidos en los últimos años, y sus economías o están dolarizadas o tienen monedas que están levemente sobrevaluadas en términos reales.

Si bien el comercio en sectores políticamente sensibles, como el sector automotriz, es menos intenso y directo, no se puede descontar el riesgo de un shock comercial. La región centroamericana podría sufrir daños colaterales provenientes de un aumento en el proteccionismo global o regional y de las consecuencias indirectas de éste.

El comercio exterior y las remesas representan una proporción importante del PIB de América Central, y la inversión extranjera directa forma gran parte de la inversión interna de esta región. Además, los perfiles de comercio exterior y de inversión de El Salvador, Guatemala, Nicaragua y la República Dominicana están fuertemente sesgados hacia Estados Unidos y las industrias intensivas en mano de obra, lo que los hace sensibles a cambios en las políticas de comercio exterior de Estados Unidos.

Costa Rica y Panamá cuentan con una exposición directa menor a Estados Unidos gracias a sus economías más diversificadas y una mayor concentración en manufacturas de alto valor agregado y servicios. Sin embargo, estos países están fuertemente integrados con las cadenas de suministro regionales e internacionales, haciéndolos vulnerables a interrupciones y trastornos en éstas.

Políticas de inmigración más estrictas en Estados Unidos imponen riesgos a la baja sobre el crecimiento en las remesas y podrían crear presiones fiscales adicionales, así como llevar a trastornos en los mercados laborales internos. Los gobiernos tienen un espacio fiscal limitado para responder mediante un aumento en el gasto social y en seguridad.

Los bajos índices de ingresos sobre PIB limitan la flexibilidad en política económica y los gobiernos ya están luchando contra los índices de criminalidad más altos del mundo. Aparte de los riesgos externos, las principales limitaciones para las calificaciones crediticias siguen siendo de naturaleza interna y estructural. Debilidades crediticias comunes a lo largo de la región incluyen un PIB per cápita y puntajes de gobernabilidad bajos, así como bases tributarias estrechas que reducen la flexibilidad en política fiscal.

En varios países, la polarización política que ha paralizado el proceso de reformas y reducido la credibilidad de las políticas se ha intensificado recientemente, culminando en un incumplimiento (El Salvador) y en la baja de calificación de Costa Rica por un escalón (notch) desde ‘BB+’ a ‘BB’ a principios de 2017.