EL RETO: PRODUCIR SIN DAÑAR EL ENTORNO

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La agricultura sostenible a través de buenas  prácticas trae beneficios para todos: los productos, el medioambiente y los consumidores.

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El cambio climático está cambiando al mundo. Y está cambiando también la forma de hacer las cosas. En Nicaragua, el sector productivo ha empezado a tomar medidas tanto para no continuar afectando a la tierra, como para enfrentar las afectaciones provocadas por el cambio climático. Entre esas nuevas formas de hacer las cosas está lo que se conoce como “Agricultura Sostenible”.
Hoy en día se están cambiando las prácticas agrícolas para migrar hacia prácticas que no dañen el suelo ni los mantos acuíferos. Francisco Salmerón, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad Agraria (UNA), explica que la agricultura sostenible toma en cuenta el impacto al ambiente, la economía, y la parte técnica o de manejo del área productiva.
Se trata de ser rentable y productivo sin dañar los recursos, proteger y conservar el agua, el suelo, reforestar; producir más en menos extensión de tierra y tener un buen manejo, dice.
Una de las buenas experiencias la tiene el productor Leonel Calero,  de Masaya, quien en una manzana de tierra produce de todo un poco: maíz, frijol, limones, naranja agria, naranja dulce, pitahaya, arroz, tomate y chiltoma. Además, tiene crianza de pelibuey, gallinas y conejos. Todo ello cuidando de los recursos naturales y con un alto nivel de rentabilidad, ejemplifica Salmerón.

Agrega que debe haber un balance entre los costos de producir y los beneficios, pero en los primeros se deben incluir los costos para el medio ambiente.

“La idea es producir ahorita, pero dejar los recursos a las nuevas generaciones” y si se logran excelentes beneficios económicos a costa de dañar los recursos, no se está haciendo nada bueno, dice.
Implementar la agricultura sostenible es hoy cada vez más necesario y urgente. Según La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), “la agricultura sostenible debe garantizar la seguridad alimentaria mundial y al mismo tiempo promover ecosistemas saludables y apoyar la gestión sostenible de la tierra, el agua y los recursos naturales”.

NICARAGUA EN ESE CAMINO

En ese esfuerzo Nicaragua creó la Ley 765, Ley de Fomento a la Producción Agroecológica y Orgánica, publicada en la Gaceta, Diario Oficial, en julio del año 2011; como el resultado del trabajo conjunto realizado por organizaciones campesi
nas, cooperativas, Organismos no Gubernamentales, organizaciones gremiales, la Universidad Nacional Agraria (UNA), instituciones de gobierno como el Ministerio Agropecuario, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la cooperación extranjera.
Asimismo, el gobierno de Nicaragua tiene entre sus planes estratégicos la promoción y el desarrollo de la agricultura sostenible. El Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) está trabajando de cerca con productores a nivel nacional.
También se creó el Movimiento de Productoras y Productores Agroecológicos y Orgánicos de Nicaragua (MAONIC), impulsado por cooperativas de base territoriales. Los afiliados aplican y promueven buenas prácticas agroecológicas y orgánicas en sus procesos de producción agrícola, pecuaria, forestal, de valor agregado y de consumo responsable. “MAONIC es un buen ejemplo de la implementación de la agricultura sostenible”, dice el especialista.
El gobierno de Nicaragua también ha recibido apoyo de la cooperación extranjera, como es el caso de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), en la capacitación a técnicos del INTA y a productos nicaragüenses en buenas prácticas; como la elaboración de biofertilizantes, abonos orgánicos, biopesticidas, entre otras tecnologías fundamentales para mejorar calidad en los productos, lograr mayor productividad y proteger el medio ambiente.

“Se trata de poner en práctica el uso de tecnologías que no ponen en riesgo los recursos naturales ni la salud de las personas”, dice el experto. Una de las prácticas aplicadas por muchos productores, en busca de reducir el impacto negativo en la tierra, es la rotación de cultivos, ya que los monocultivos erosionan y dañan los suelos. “Se trata de prácticas que no necesitan mucha inversión”, dice. Un ejemplo es la elaboración de biofertilizantes a base de boro, calcio y magnesio, o de estiércol, semolina, melaza y leche” destacó.
La eliminación de fertilizantes químicos en los cultivos, además de cuidar el medioambiente, cuida la salud, por lo que los productores que lo practican incursionan en el mercado de los productos orgánicos, que ya empiezan a tener demanda no sólo en el mercado local sino también en mercados internacionales.