EL TAROT ES UNA HISTORIA INTERMINABLE

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LA TRASCENDENCIA DE LA FOTOGRAFÍA

La colección de Fotografías LOS ARCANOS, de Celeste González, borra las fronteras de la imagen fotográfica, y nos entrega una propuesta exótica y surrealista, llena de magia y delicadeza. Limpieza pura en las composiciones.

Colores escogidos con la delicadeza de un pincel de luz. Misterio, asombro, esculturas de luz del mundo de los sueños. Como nunca la fotografía integrada a las Artes Plásticas, ofreciéndonos una visión avanzada desde los agudos y hábiles ojos de Celeste, y su terquedad generosa al regalarnos estas importantes obras para nuestro gozo.

Luis Morales Alonso

Instituto Nicaragüense de Cultura

25 de Septiembre 2014

EL TAROT ES UNA HISTORIA INTERMINABLE

CELESTE GONZALEZ

La rueda de la fortuna  jalada por los cuatro universos; el agua, el fuego, el aire y la luz. La vida se desvela, las cartas nos la cuentan.

El tarot, es uno de los juegos de cartas más antiguo. Emplea un mundo de símbolos. Es una escuela de esoterismo, más o menos, secretamente transmitida a través de los siglos. Quiere dominar el interior de uno y el universo exterior. Se trata de llegar al oro puro, como en la práctica de los alquimistas.

Venga de la China, de las indias, de Egipto o de bohemios sabios, el juego echó raíces por el mundo. Se trata de ir a “echarse las cartas”, a ver cómo nos va. En Cuba a las cartas, al conjunto de las cartas, la llamaban: “La baraka”, que quiere decir suerte. En la tirada del Tarot se ejercita otro lenguaje y se mueven otras energías.

Como en el tarot de Marsella, en el que Celeste se inicia en la cartomancia,   el color es primordial; el ocre rosa, lo humano. El azul, el color del secreto, del sentimiento. El rojo, la energía del espíritu. El amarillo con su ambivalencia de oro y miel, de cosechas e inteligencia pura.

Leer un tarot es echar un vistazo a una situación. Imaginarte las figuras, imaginarte el escenario, ver los coloridos, distinguir los ropajes, fijarse en los detalles.

Hay que ser fiel a lo que te cuenta el cuento y no dártelas de entendida con lecciones prefabricadas ni proyectar ahí tu mejunje de ensueños, frustraciones  y expectativas. “No importa el mirar ni el ver sino la antepupila”, como diría el filósofo. Celeste expone un tarot surrealista, con un modo particular, onírico y fantasioso, como en su día hizo Dalí.

Viste a sus personajes, hurga en sus entrañas o alucina con sus auras. Trastoca los símbolos, los carga con otro “significante”. Parece que ha convivido con ellos.

Crea un  “Ermitaño”, un hombre viejo, con calcetines, sólo e integrado en un atardecer de la vida, en un crepúsculo, iluminada su mente, buscador incansable en su búsqueda de la sabiduría como Diógenes pero sentado sobre piedra, sobre los ancestros. Meditativo viendo algo que todavía quede por descubrir. Todo ello con el sello “nica” típico de la fotógrafa.

Presenta un loco, que espera que algo suceda, para el que todo está por llegar, con una energía intacta a una edad incierta, la que sea. Con un perro que es la conciencia del pasado, tan entretenido en su mundo, viviendo de calaches de feria, de abalorios, tan encantado de andar sólo y para afuera que no se sabe si alcanzará sus sueños o las mariposas lo disturbarán y acabará cayéndole la tarde a la orilla del Lago.

Estas ilustraciones serán el vínculo entre el que las tira y al que se las leen. Tiempo y espacio darán las coordenadas. Las combinaciones son indefinidas y las interpretaciones también. Un lenguaje adivinatorio que conecta  en un punto de luz. Su magia aflora, el tiempo se hace espacio que diría Alfonso Cortés. Ellas empiezan a hablar. Y a contar una historia.

Agarra cualquier carta del tarot de la Celeste y haz la prueba. Y miles de sugerencias, conexiones y recuerdos se agitarán en ti.

El TAROT de CELESTE GONZALEZ  permite llevar la lectura del tarot a lo largo y ancho de la interpretación. La celeste se da gusto. Les da vida a su modo; personal, minucioso, imaginativo, y a lo nica. Se salta las trancas. Se  da el lujo de la infidelidad a la representación gráfica estricta de las cartas prototípicas como las del Tarot de Marsella.

Inconfundible ella, “la Celeste”,  por  cómo  “travesea”  sus fotografías. Experta en los collages, inventa escenarios, los puebla de conocidos, los vacía de sombras, les arroja trasparencias. Como buena  bruja  introduce en ellos fotos de la realidad nicaragüense; personas, animales o cosas,  fotos de la cotidianidad y la “nicaraguanidad ”  que ha archivado a lo largo del tiempo.

Cada carta es un lienzo.

Nos hicimos brujas juntas y  juntas así se los contamos.

Teresa Codina