MATRIZ ENERGÉTICA

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La matriz energética de Nicaragua ha venido transformándose poco a poco en los últimos 6 años (desde la entrada del primer parque eólico en Nicaragua en el año 2008).

Es sorprendente pensar que no hace mucho nuestras principales fuentes de energía para producir electricidad eran productos derivados del petróleo, el porcentaje del mismo rondaba el 85% de nuestras fuentes de generación.Hoy por hoy podemos decir que vamos por la vía correcta, la casi o total eliminación de nuestra dependencia del petróleo para producir energía eléctrica, con miras en el mercado regional para exportar al resto de los países centroamericanos con precios competitivos.

Pionero de la energía renovable en Nicaragua

Hoy el país tiene plena conciencia de la importancia y necesidad de la energía renovable, muchos proyectos ya son una realidad contribuyendo a la diversificación de la matriz energética de Nicaragua. Hace 20 años no era el caso; sin embargo, dos pioneros iniciaron el proyecto de energía eólica llamado Amayo. Fue un camino largo y complicado que hoy en día les deja muchas satisfacciones. De esta experiencia nos habla Miguel Barrios, gerente general de Hydropenta S.A., quien ha trabajado durante muchos años como promotor y consultor de proyectos energéticos renovables. Su experiencia abarca energía eólica, hidráulica, biomasa y fotovoltaica.

¿Cómo inició el proyecto de producir energía renovable?

Inició en 1994 junto a Luis Fonseca Cuevas, socio actual. Empezamos a estudiar el potencial de energía de los vientos en la zona de Rivas. Obtuvimos información sobre energía eólica y dada la coincidencia de que crecí en esta zona y tenía la experiencia de que es una zona muy ventosa, nos atrajo la idea de explorar esa posibilidad. En el camino encontramos datos, gente que había hecho mediciones en 1993, mediciones del Instituto Nicaragüense de Energía que estaban disponibles al público y empezamos a pensar en un proyecto más grande, porque primero pensábamos en seis megavatios, después en 10, 20 y al final conseguimos un proyecto de 40 megavatios.

En 1995 se hizo la primera carta oficial al Ministerio de Energía y Minas para solicitar la licencia provisional de exploración, empezamos la construcción de Amayo en 2007. Nos tardamos 12 años desde la idea hasta que comenzamos a construir. Se ve como un periodo muy largo, como demasiado tiempo, pero los proyectos de energía limpia en general son de duración larga; los primeros, sobre todo. En el camino aprendimos que las cosas llevaban su tiempo. A otra gente le tocó menos años.

¿Hubo algún momento en que se desanimaron y sintieron que llevaban muchos años, con qué actitud se lo tomaron?

En todo momento, a lo largo de todo ese tiempo, el proyecto siempre estuvo vivo, nunca estuvo detenido. Los primeros dos años fue de hacer las mediciones, estudios de ingeniería y convencernos de que teníamos un buen proyecto. Cuando tuvimos esa certeza de que teníamos un buen recurso, una buena zona, las tierras aseguradas (porque eran de familiares), se transmitió entusiasmo en todo la familia, hubo apoyo moral.

¿Qué obstáculos encontraron?

Pasamos a una fase de licitación pública internacional. Logramos convencer a un grupo norteamericano y otro de Dinamarca como socios, pero la licitación fue abandonada porque solo nosotros nos presentamos, luego hubo una segunda y la ganamos. Habíamos empezado a hacer las mediciones en tiempo de el gobierno doña Violeta Chamorro; las primeras gestiones en el tiempo de el gobierno Arnoldo Alemán. Había la percepción que el petróleo era tan barato, en ese tiempo valía 16 dólares el barril, ahora vale 100 dólares. El precio de la energía renovable era igual o levemente inferior al precio de una planta generadora a partir de bunker. El gobierno no lo veía atractivo. Con la energía renovable son mucho mayores las ventajas que las complicaciones, pero habían muchos mitos negativos, no había incentivo ni se motivaban las energías renovables. Ofertamos y ganamos la licitación con un precio de seis centavos el kilovatio hora, hoy en día está por el rango de los 10.5 centavos el kilovatio hora, y no lo aceptaron. No había una visión de futuro, de pensar que se podía poner caro el petróleo, que es un recurso que nosotros no tenemos. Era una visión cortoplacista. Fue un obstáculo tremendo, no te daban la posibilidad de construir un proyecto. Una de las bases para construirlo es que sea bancable. Es difícil que haya alguien que financie el 100 por ciento, los socios ponen un 25-30 por ciento y el resto los bancos internacionales y para conseguir un crédito hay que tener un contrato con alguien que te compre la energía. La mayor garantía es el contrato con la distribuidora de energía eléctrica del país.

¿Cómo enfrentaron ese obstáculo?

Ahí vino una etapa difícil. Ganamos en 1999 la licitación y ya en el año 2000 se empieza a privatizar ENEL y no se podía firmar un contrato hasta que se privatizara, pasamos dos años esperando. Ya había otros socios españoles; se cambió de gobierno (Enrique Bolaños) y se empezó a pensar en una Ley de Energía Renovable, que es buena ley de incentivo, pero tampoco era suficiente para un banco, porque la fortaleza jurídica de un contrato es enorme para una entidad financiera…al final del periodo Bolaños, como en el año 2006, cayeron en la cuenta, se convencieron. El petróleo subió de precio, pasó de 16 a 50 dólares, y empezaron a interesarse en las energías renovables. Abrieron una nueva licitación pública, fuimos para 40 megavatios, con un grupo guatemalteco y norteamericano y ganamos el contrato en el año 2006.

El gobierno de Daniel Ortega apoyó ese inicio y se firmó el contrato con Unión Fenosa, pero había hasta funcionarios de Unión Fenosa que no creían en este tipo de energía. No entendían que son recursos que no se los vas a comprar a nadie, es solo saber explotarlos, siempre los vas a tener y podes tener los dos tipos de energía (renovable y no renovable).

En todos esos años fueron una especie de Quijote. Nadie apostaba a las energías renovables y ahora hay todo un auge, ¿cómo lo hace sentir eso?

Sabíamos que los proyectos buenos siempre se hacen, tarde o temprano se van a hacer. Fue una enorme satisfacción, habían sus reservas en colegas del sector energético, se preguntaban ¿qué va a pasar cuando no haya viento?. La falta de conocimiento es una barrera, hace ver que las cosas son más difíciles de lo que en realidad son y la tecnología ya ha resuelto montones de cosas. Hasta el momento, en los cinco años del proyecto Amayo no se ha ocasionado ningún disturbio en el sistema. Era el momento de la firma y había gente que decía que era un enredo en que se estaba metiendo este país. Después dijeron: “¡qué fácil!”. Luego apostamos a Amayo II. El proyecto era para 80 megavatios y la planta se diseñó para 100. Vamos aprendiendo, toca aprender desde el manejo de los puertos, el manejo de esas masas de acero gigantescas, los camiones, la logística, saber si los puentes aguantaban, en qué ciudad podían pasar, una cantidad de estudios que lleva un montón de trabajo que se fue aprendiendo. Ahora han cambiado los socios, hay un grupo israelí, IC Power, los guatemaltecos y nosotros, tenemos que comenzar a construir el próximo año y en todo el 2015 llegar a los 100 megavatios.

Es satisfactorio y bonito ver que pegado a nosotros está Eolo, Blue Power y Alba Rivas. En total 186 megavatios instalados, cuando iniciamos con 40. Sirvió de imagen y ejemplo para que otros inversionistas se tomaran el riesgo. Todos estos proyectos tienen riesgos, lo bueno es que sirvió de ejemplo y se ha demostrado que la energía eólica no es tan dramáticamente compleja de manejar.

¿Hay menos obstáculos en la actualidad?

Si. Definitivamente. Hay una plena conciencia de la importancia de la energía renovable en el sector gobierno, en la banca internacional, en la distribuidora de energía. Se está mucho más abierto al tema. Hay un apoyo.