Trabajo decente para la justicia social

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En el Día Mundial de Justicia Social (20 de febrero), el Director de la OIT Guy Ryder, señala el reto de aminorar las brechas sociales y económicas que han surgido como resultado de la creciente desigualdad.

Conmemoramos este Día Mundial de la Justicia Social en un período de gran incertidumbre global. La pobreza y los conflictos están arruinando la vida de demasiadas personas aumentando la desigualdad entre éstas y las sociedades más prosperas.

La globalización incluyó la promesa de una nueva era de prosperidad, sin embargo sus beneficios han sido distribuidos de forma desigual. Paradójicamente, a pesar que el mundo está mucho más conectado como nunca antes, vemos que se están abriendo brechas sociales y económicas que parecen insalvables.

Millones de personas sienten que están siendo dejadas atrás y que son excluidas. Perciben la falta de justicia social en sus vidas cotidianas: hijos sin un futuro garantizado, padres sin empleos decentes y una sensación generalizada de abandono. Un sentimiento de injusticia prevalece en muchos sectores de la población. Las consecuencias de aquello para las comunidades, las sociedades y las economías son graves.

La falta de empleos decentes y el temor de que sus aspiraciones a un futuro mejor no se realicen es una fuerza poderosa que atiza las preocupaciones de las personas donde se alimenta la incertidumbre. Estos sentimientos son aún más apremiantes en las situaciones de conflicto, fragilidad y desplazamiento donde con frecuencia se expresan estos tres deseos básicos: regresar a casa, poseer la dignidad de trabajar y que los niños estén a salvo y en la escuela.

Existe un desafío común que radica en encontrar alternativas políticas que puedan ofrecer las oportunidades de trabajo decente de las cuales depende la estabilidad y la prosperidad de la sociedad. Se necesitan soluciones que nos alejen de los conflictos y nos conduzcan hacia la recuperación, el crecimiento económico y el progreso social.

Soluciones que propicien la construcción de instituciones basadas en las normas laborales garantes de los derechos en el trabajo. En un mundo interconectado esta es una agenda mundial y una responsabilidad global.

El mandato fundador de la OIT tiene orígenes en este principio: Si vis pacem, cole justitiam “Si deseas la paz, cultiva la justicia”. Estas palabras son tan imperativas hoy como cuando fueron escritas hace casi cien años cuando el mundo estaba saliendo de los estragos de la guerra. A través de nuestra labor en el mundo del trabajo, nos unimos a la familia de las Naciones Unidas en su reiterado compromiso para la acción a favor de sociedades justas e inclusivas que constituyen los fundamentos sólidos de la paz.