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Asados La Bendición, el negocio de Eveling Pérez que lleva 13 años en pie en la carretera hacia Tola

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Asados La Bendición lleva 13 años en el kilómetro 115 de la carretera hacia Tola, Nicaragua. Desde ese fogón, Eveling Pérez prepara a la leña tajadas, tacos y enchiladas al instante, con ingredientes frescos.

Detrás de ese fuego hay una historia que no empieza con capital ni con un plan escrito, sino con una decisión tomada de regreso de Costa Rica y la convicción de que había algo que construir.

Conocé su historia.

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Cómo nació la idea de emprender en la carretera hacia Tola

Se muestra la fachada de un negocio llamado Asados la Bendición en Los Cerros RivasEveling no tenía pensado establecerse en ese punto exacto de la carretera. Cuando regresó de Costa Rica, no traía un plan de negocios ni una inversión lista. Traía la convicción de que había algo que construir. Conoció a quien hoy es su esposo, hablaron de empezar algo pequeño y se quedaron ahí, en el kilómetro 115, con leña y ganas de cocinar.

Así nació Asados La Bendición. Sin local rentado en zona comercial, sin capital grande, sin estrategia escrita. Solo el fuego, la comida fresca y la claridad de quien sabe que lo que ofrece vale la pena.


Asados La Bendición: tajadas, tacos y enchiladas preparados al instante sobre la leña

Lo que más llama la atención a quien se detiene en el kilómetro 115 no es un letrero ni una promoción. Es ver cómo se cocina. La tajada recién salida, los tacos, las enchiladas, todo preparado al instante frente al cliente, directo del fuego al plato. Nada precocido, nada esperando.

«Les encanta ver que todo es fresco. Esa es la gracia de Asados La Bendición, ese es su toque», dice Eveling.

Cocinar a la leña exige presencia constante. No admite atajos ni tiempos muertos. Es una forma de trabajar que Eveling asumió desde el primer día y no ha cambiado en 13 años. Ese compromiso con el proceso es lo que distingue a Asados La Bendición de otros lugares de la zona.


La clientela que llegó sola y se convirtió en familia

Cliente satisfecho comiendo en Asados La Bendición, Rivas.Asados La Bendición nunca contrató publicidad. No hubo pauta en redes, no hubo agencia, no hubo campaña. La clientela que tiene hoy llegó porque alguien se lo recomendó a otro, y ese otro se lo recomendó a otro más.

«Mis clientes han hecho ese trabajo. Ellos me recomiendan, hablan de la calidad de mis productos, del trato que les brindamos desde que entran hasta que salen. Mi mejor publicidad son ellos», cuenta Eveling.

Con el tiempo, esa relación fue más allá de lo comercial. «Los considero parte de mi familia. Con algunos hemos formado una bonita amistad.» Clientes que estuvieron desde los primeros días, que volvieron en los momentos difíciles y que siguen apareciendo en el kilómetro 115. Eso no se compra.


Pandemia y enfermedad: los dos golpes que no cerraron el negocio

Clientela en Asados La BendiciónCuando la pandemia llegó a Nicaragua, miles de negocios cerraron. Asados La Bendición no lo hizo. Siguieron cocinando, con el fuego encendido y la clientela que los sostuvo.

Pero ese mismo período trajo para Eveling algo más difícil que una crisis económica. Se enfermó gravemente, al punto de que los médicos estuvieron cerca de amputarle una pierna. Mientras ella se recuperaba, su esposo y sus hijas tomaron el negocio y lo mantuvieron funcionando.

«Me enfermé a tal grado que casi me cortan mi pierna. Mi esposo y mis hijas estuvieron ahí en el negocio», recuerda. «No creo en tiempos malos. Siempre encomendados nuestros planes.»

Que Asados La Bendición sobreviviera ese momento dice mucho de lo que Eveling construyó: no un negocio que depende solo de una persona, sino algo que su familia sostuvo junto a ella cuando más lo necesitaba.


Lo que significan 13 años en pie para Eveling Pérez

Preguntarle a Eveling qué representa que Asados La Bendición siga abierto después de todo, lleva la conversación a un lugar muy personal.

«La gran misericordia hacia mi vida», responde.

No habla de rentabilidad ni de crecimiento. Habla de haber podido estar cerca de sus hijas y de sus nietos. De haber convertido una idea nacida en el camino en algo real, con sus manos, a la orilla de esa carretera.

Trece años de leña encendida. Trece años de tajadas frescas, de clientes que vuelven y de un nombre que se recomienda solo. Eso es Asados La Bendición.


Si pasas por el kilómetro 115 rumbo a Tola, ya sabes dónde parar.

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