El emprendimiento juvenil en Nicaragua tiene nombre propio: MAKA. Detrás de cada tote bag pintada a mano está Mariana Castillo, una estudiante de secundaria que convirtió la ansiedad que sentía desde pequeña en una herramienta creativa, y esa herramienta en un negocio con un destino fijo: el cien por ciento de las ganancias va directo al Hogar San Antonio.
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Emprendimiento juvenil con un propósito que nació de la ansiedad
MAKA comenzó como una forma de sobrellevar la ansiedad que Mariana ha sentido desde pequeña, y que siempre encontró alivio en la pintura. A esa costumbre se sumó algo que sus padres le inculcaron desde niña: la importancia de ayudar a los demás.
«En un momento me pregunté cómo podía unir estas dos cosas y convertir algo que me ayudaba a mí en una forma de ayudar también a los demás», explica.
Así nació MAKA, un emprendimiento juvenil que demuestra que la edad no define la capacidad de generar impacto.
Tote bags pintadas a mano, ninguna igual a la otra
Cada tote bag de MAKA pertenece a la colección Esencia, inspirada principalmente en elementos de la naturaleza: plantas, flores y formas abstractas.
«Me encanta la idea de encontrar belleza en las cosas sencillas y descubrir algo especial en los pequeños detalles», dice Mariana sobre el estilo que con el tiempo se convirtió en la esencia de la marca: diseños simples, orgánicos y hechos a mano.
Lo que distingue a estas tote bags pintadas a mano es que cada una se trabaja de forma individual, por lo que nunca hay dos exactamente iguales. Aunque un diseño se repita, siempre habrá pequeñas diferencias que la hacen única.
«Quiero que quien lleve una MAKA sienta que tiene una pieza creada especialmente para ella, y que, además de ser un accesorio, represente creatividad, autenticidad y una historia con propósito», afirma.
Por qué cada tote bag Nicaragua de MAKA termina en el Hogar San Antonio
El dato que distingue a MAKA de cualquier otra marca de accesorios es simple: el cien por ciento de las ganancias se destina al Hogar San Antonio. La decisión nació de algo muy concreto.
«Mi conexión con el Hogar San Antonio nace de haber conocido de cerca la labor tan importante que realizan», cuenta Mariana.
Para ella, la mayoría de las iniciativas sociales se enfocan en niños, dejando de lado a los adultos mayores, quienes muchas veces necesitan compañía, atención y apoyo. Cuando nació la idea de MAKA, nunca la vio solamente como una marca; desde el inicio quiso que tuviera un propósito claro y que pudiera convertirse en una forma de ayudar a una comunidad que a veces pasa desapercibida.
«Cada bolsa representa mucho más que una venta; representa una oportunidad de aportar, aunque sea de una manera pequeña, al bienestar de los adultos mayores que viven allí», afirma.
Entre exámenes y pedidos, así es la rutina de esta emprendedora
Llevar un emprendimiento juvenil mientras se cursa el colegio no es sencillo.
«La mayoría de las veces es bastante caótico», admite Mariana. El colegio sigue siendo su prioridad, así que el trabajo en MAKA ocurre en tardes, fines de semana y cualquier momento libre.
«Hay días en los que estoy estudiando para un examen y, al mismo tiempo, terminando una bolsa para entregarla al día siguiente», cuenta.
Lejos de verlo como un obstáculo, lo describe como una lección de disciplina: cuando algo apasiona, siempre se encuentra la manera de hacerlo funcionar.
Clientes que compran algo más que una tote bag
Quienes compran MAKA tienen algo en común, según Mariana: valoran las cosas hechas con intención.
«Muchas me han dicho que les gusta saber que su compra no solo les da un producto único, sino que también contribuye a una causa», relata.
Para esas personas, llevar una MAKA significa sentirse parte de algo positivo y demostrar que pequeñas acciones también generan cambio.
Aprender sobre la marcha, el reto de emprender sin experiencia previa
Construir un negocio desde cero sin formación empresarial trajo sus propios tropiezos.
«No sabía mucho sobre ventas, costos, manejo de inventario o cómo dar a conocer una marca», reconoce Mariana. Hubo errores y momentos de duda, pero también investigación, consejos pedidos a tiempo y, sobre todo, constancia.
«No hace falta tener todas las respuestas para empezar», resume como una de las lecciones más valiosas que le ha dado MAKA.
El futuro de MAKA y un mensaje para otros jóvenes nicaragüenses
Mariana ve en Nicaragua un terreno fértil para marcas como la suya.
«Cada vez hay más personas que buscan apoyar emprendimientos locales y que valoran productos auténticos y hechos a mano», asegura.
También percibe un interés creciente por marcas que tienen una historia y un propósito detrás, algo que ha intentado construir compartiendo la historia detrás de cada bolsa y mostrando que cada compra tiene un impacto real.
Su meta no es convertir a MAKA en una gran empresa, sino mantenerla como una plataforma de impacto.
«Si dentro de cinco años MAKA ha logrado apoyar a más personas e inspirado a otros jóvenes a emprender, me sentiría muy orgullosa», dice.
A quien tenga una idea con propósito pero no sepa por dónde empezar, su consejo es directo: «No espere a sentirse completamente listo. Muchas veces pensamos que necesitamos más experiencia, más recursos o más tiempo para comenzar, pero la realidad es que se aprende haciendo. Empezar da miedo, pero también es la única forma de descubrir hasta dónde puede llegar una idea.»


Eveling no tenía pensado establecerse en ese punto exacto de la carretera. Cuando regresó de Costa Rica, no traía un plan de negocios ni una inversión lista. Traía la convicción de que había algo que construir. Conoció a quien hoy es su esposo, hablaron de empezar algo pequeño y se quedaron ahí, en el kilómetro 115, con leña y ganas de cocinar.
Asados La Bendición nunca contrató publicidad. No hubo pauta en redes, no hubo agencia, no hubo campaña. La clientela que tiene hoy llegó porque alguien se lo recomendó a otro, y ese otro se lo recomendó a otro más.
Cuando la pandemia llegó a Nicaragua, miles de negocios cerraron. Asados La Bendición no lo hizo. Siguieron cocinando, con el fuego encendido y la clientela que los sostuvo.
Preguntarle a Eveling qué representa que Asados La Bendición siga abierto después de todo, lleva la conversación a un lugar muy personal.

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Su hijo tiene once años y comparten algo que va más allá de la sangre: la creatividad. Él ama el dibujo y le recuerda a la Alejandra de su propia infancia. Esa conexión no es solo afectiva. Es la confirmación de que lo que una madre vive y construye a diario también se hereda.
Como docente de patronaje, corte y confección, Alejandra lleva al aula la misma verdad que aplica en su hogar y en su emprendimiento. No es un consejo académico. Es una lección aprendida gestionando tres frentes al mismo tiempo durante ocho años.
Alejandra Jiménez no llegó al emprendimiento con un plan perfecto. Llegó con un hijo, una habilidad y la convicción de que la constancia puede más que las circunstancias. Su historia como mamá emprendedora en Nicaragua y diseñadora de moda es la de alguien que aprendió a criar, diseñar y enseñar sin soltar ninguna. Y que todavía sigue haciéndolo.
Hay poca diferencia, dice ella misma, entre la Rosario profesional y la Rosario que está en casa. Siempre activa, siempre combinando labores. Pero hay algo que la define en su espacio personal: su amor por la naturaleza. Cada mañana se levanta a descubrir si hay una nueva fruta o flor en su patio, con aguacate, limones y mango que ella misma cultiva. Se crea espacios para tomar café, leer, escribir y compartir con quienes quiere.
Rosario no romantiza su historia. Sus roles como madre y profesional nacieron casi al mismo tiempo y ambos exigieron lo mejor de ella desde el principio. Reconoce con honestidad que hubo compromisos que no le permitieron estar presente cuando su hijo la necesitaba.
Para Andy Rostrán, la comunicación y la música nunca fueron mundos separados. Son dos expresiones del mismo propósito: transmitir emociones, inspirar y llegar al corazón de las personas. La comunicación le enseñó a expresarse con intención. La música le permitió transformar sentimientos y experiencias en algo que pudiera tocar vidas.
El lanzamiento de «Tuyo Soy» no nació en un momento perfecto. Nació en medio de procesos difíciles, preguntas sin respuesta y momentos donde solo quedaba rendirse a Dios. La canción es una declaración de entrega y una decisión diaria de confiar en Él, construida desde la experiencia de quien sabe lo que es crecer sin tener certeza del camino.
Fue su padrino quien lo sentó frente al tablero por primera vez, junto a las hermanas Mendieta Rodríguez. Nadie imaginó entonces lo que ese momento iba a significar.
Cuando entró al programa de doctorado, era de los más jóvenes. Y lo sabía.
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