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Ser jugador de ajedrez en Nicaragua ya es una historia. Ser jugador de ajedrez en Nicaragua, tener 28 años y acumular dos maestrías con un doctorado en curso, es otra completamente distinta.
Dos grados universitarios, una carrera más en camino y una lista de logros que no se detiene. Pero lo que más llama la atención no son los títulos, sino cómo llegó ahí. Porque detrás de cada uno hay una historia de renuncias, de presión real y de un juego que le enseñó a pensar antes de moverse.
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El origen de una pasión: cómo el ajedrez moldeó su forma de pensar
Fue su padrino quien lo sentó frente al tablero por primera vez, junto a las hermanas Mendieta Rodríguez. Nadie imaginó entonces lo que ese momento iba a significar.
El ajedrez no tardó en convertirse en algo más que un juego.
«Desde entonces descubrí no solo el juego, sino también sus beneficios, enseñanzas y experiencias», dice Jainner.
Con los años, ese tablero lo llevó más lejos de lo que esperaba. Representar a Nicaragua en competencias internacionales fue una de esas experiencias que no se olvidan. Conoció gente de otros países, culturas distintas, formas diferentes de ver el mundo. A muchos de ellos los sigue considerando como hermanos.
Jugador de ajedrez en Nicaragua: lecciones que van más allá del tablero
Si le preguntan cuál fue la partida más difícil de su vida, Jainner no menciona ningún torneo importante. Habla de la vez que se sentó frente a una persona no vidente.
«Fue una lección de vida. Aprendí a tener un profundo respeto y admiración, ya que demuestran una increíble fortaleza y nunca se rinden», recuerda.
Esa partida le dejó algo que ningún libro le hubiera podido enseñar. Y resume bien por qué Jainner no ve el ajedrez como deporte, sino como algo mucho más personal.
«El ajedrez es un reflejo de la vida», dice. Simple. Directo. Y en su caso, completamente cierto.
Cómo el ajedrez se conviertió en su herramienta de vida diaria
De niño, reconoce que no pensaba mucho antes de actuar. Como cualquier niño.
Pero el ajedrez fue cambiando eso, poco a poco.
«Me enseñó que cada decisión tiene un impacto y que una mala jugada puede generar múltiples consecuencias», explica.
Hoy eso se nota en cómo toma sus decisiones. No se apresura. Analiza. Considera lo que puede pasar.
«Procuro pensar estratégicamente antes de actuar», dice, con la misma naturalidad con la que alguien describiría su rutina de mañana.
Lo que aprendió en el tablero lo trasladó a todo lo demás. Y funcionó.
Doctorando a los 28 años: la decisión más joven del programa
Cuando entró al programa de doctorado, era de los más jóvenes. Y lo sabía.
No fue algo que sucedió por impulso. Jainner tomó una decisión consciente, empujado en parte por un consejo que le quedó grabado: «Edúcate lo más que puedas», una frase de la Dra. Ana María Polo que repite con convicción.
Mucha gente dudó. La edad genera ese tipo de preguntas. Pero él tenía una respuesta clara antes de que se las hicieran.
«Entendí que la juventud no es una limitante, sino una ventaja que aporta energía, ideas frescas e inspiración para otros jóvenes», afirma.
Y mientras algunos esperaban el momento perfecto para estudiar, él ya iba por el segundo título de posgrado.
Disciplina, hábitos y el peso de la presión académica
Que haya llegado joven no significa que haya llegado sin presión.
«Sentía la necesidad de demostrar que merecía estar ahí», admite. Compartir espacio con personas que acumulaban dos maestrías o más no es algo que se lleva liviano.
Pero sus compañeros lo sorprendieron. «Es un verdadero privilegio compartir con personas altamente preparadas», cuenta. En vez de competencia, encontró un ambiente donde aprender era lo que importaba.
Para sostenerse, armó su propia rutina: organización, ejercicio, descanso, y amistades que no drenan. También leer. Dos libros que recomienda sin pensarlo dos veces: El juego de la política en ajedrez de Manuel Gallardo, y Cómo ser el mejor del mundo de Rommel Pacheco.
La decisión académica más estratégica de su vida
En algún momento llegaron ofertas de trabajo. Buenas, probablemente.
Las rechazó. «Elegí mantener un trabajo que me permitiera continuar con mis estudios», explica, sin dramatismo. También fue reduciendo compromisos y espacios que simplemente no le aportaban nada.
No fue fácil. Pero tampoco fue una decisión improvisada.
Cada cosa a la que dijo que no fue para poder decirle que sí a algo más importante. Eso también lo aprendió del ajedrez.
Su consejo para jóvenes que quieren jugar sus propias partidas
Cuando habla con jóvenes, Jainner no les vende una fórmula mágica. Les dice lo que él vivió.
«Los 20 son para prepararse. Es importante construir resultados antes que buscar reconocimiento. La credibilidad llega con la evidencia de lo que haces.»
Y a los que sienten que su edad juega en su contra, les responde con algo que aprendió por las malas:
«La mejor manera de responder es con hechos.»
Una frase lo define mejor que cualquier otra: «Ser grande, pero no agrandado; ser humilde, pero nunca sumiso.»
Sobre Jainner Antonio Sánchez Cordero
Fuera del mundo académico, Jainner es alguien que disfruta lo simple. Su familia, sus amigos cercanos, sus mascotas. No necesita un círculo grande para sentirse bien.
Ha elegido, por ahora, enfocarse en construir. Eso incluye estar soltero, algo que asume sin apuro ni explicaciones.
Sobre sus sueños habla poco. Pero cuando lo hace, no hay lugar para la duda:
«Estoy obsesionado con el éxito. Quiero ser grande y tener la misma vida que proyecto en mi mente todos los días: marcar historias y poder inspirar a muchos.»
Una partida que, definitivamente, todavía no ha llegado a su mejor movimiento.
