Panamá es un país centroamericano reconocido por su posición geográfica estratégica, que lo convierte en un puente natural entre América del Norte y del Sur, y entre los océanos Atlántico y Pacífico. Su nombre resuena en todo el mundo por el Canal de Panamá, una obra maestra de la ingeniería que transformó el comercio global. Sin embargo, Panamá es mucho más que su canal, es una fusión vibrante de modernidad, cultura y biodiversidad.
Durante mi visita, tuve la oportunidad de conocer su capital, Ciudad de Panamá, un lugar que combina rascacielos modernos con la esencia colonial del Casco Viejo. Este icónico barrio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conserva sus calles adoquinadas, fachadas coloridas y una atmósfera que mezcla historia y vida bohemia. Caminar por sus calles es como viajar en el tiempo tiendas artesanales, galerías, música en vivo y restaurantes que celebran la identidad panameña.
Uno de los lugares que más disfruté fue BOCAO, un restaurante que honra el arte culinario centroamericano con el toque especial de la cocina panameña. Allí, probé exquisitos mariscos acompañados de patacones —plátanos fritos que son todo un símbolo regional— servidos con un equilibrio perfecto entre sabor, precio y calidad.
Si buscas una experiencia aún más tradicional, El Nacional es una parada obligatoria. Su plato estrella, la ropa vieja, una carne desmechada servida con arroz, frijoles ó lentejas y plátano en tentación, representa la esencia del sabor panameño.
Y para quienes desean algo auténtico y sin pretensiones, el Mercado de Mariscos es toda una aventura sensorial. Allí, entre gritos amables de los vendedores que te invitan a sus locales, se saborean ceviches frescos, mariscos recién pescados y patacones crujientes. Una experiencia que, sin duda, te hará sentir toda una celebridad.
Por supuesto, ningún viaje estaría completo sin visitar el Canal de Panamá. Recorrer sus esclusas y conocer la historia detrás de su construcción —los retos, la fiebre amarilla, el ingenio humano— es una lección de perseverancia y visión. Es, sin duda, un lugar que deja huella en la memoria.
Panamá es un país que sorprende a cada paso, moderno y ancestral, urbano y natural, sofisticado y cálido. Aunque mi visita fue breve por motivos de una convención internacional, me quedó claro que siempre habrá razones para volver y seguir descubriendo la belleza de este país que une al mundo.
