EN DOS RUEDAS HACIA EL CHOCOYERO

0
126

Respirar profundo y sudar frío hasta pensar que has tenido un bajón de azúcar. Pedaleo y pedaleo y, a pesar de esto voy de última en la fila, mi objetivo es llegar a la meta.

Me he despertado un sábado por la madrugada gracias a mi deportista interior y al grupo de amigos ciclistas que me invitaron a iniciar esta aventura; ellos se han dedicado a conocer rincones de Nicaragua a bordo de sus bicicletas y han descubierto hermosos paisajes. Yo también quiero, ojalá logre terminar la ruta desde Camino de Oriente-Carretera a Masaya hasta a la Reserva Natural El Chocoyero.

Son más de las 5:30. Tengo que pedalear unos 45 kilómetros ida y vuelta. No vamos solo mi grupo y yo, pues a esa hora aproximadamente se reúnen quizá media docena de ciclistas como parte de su rutina de ejercicios antes del trabajo.

Sé que sudaré hasta sentir que me quemo por dentro, así que decidí usar ropa deportiva cómoda (camisa y licra de ciclismo), para mayor seguridad por si tropiezo con alguna piedra, llevo puesto un casco, luces por lo que es de madrugada, una bicicleta para montaña por el camino de tierra al Chocoyero, suficiente agua (dos galones) y frutas como: mandarina, naranja o banano para reanimarme.

Recorrimos toda la carretera a Masaya, al llegar al kilómetro 14 giramos a la derecha en dirección a Ticuantepe, luego nos dirigimos a la carretera que va hacia la Concepción y en el kilómetro 21 y medio giramos hacia la derecha, allí están las señales que nos indicaron la ruta, el refugio está a unos 8 kilómetros.

Ya no siento ni las piernas, ni el dolor. Todos me dicen “Vamos que tú puedes”. Pedaleo, jadeo, es lo único que me mantiene estable.

Normalmente camino unas cuadras para llegar a mi trabajo, es mi única actividad física. Soy un poco ligero, enérgico y con poco músculo.

Es mi primera vez, descansé al menos 5 minutos. Mis compañeros de aventura, a pesar de ser unos campeones en este deporte me hacen compañía. Tomé un poco de agua y comí una mandarina.

¡Listo! Inicio nuevamente. Las subidas son las que me matan, ya que demandan una mejor condición física, pero no me rindo. Los últimos siete kilómetros no están pavimentados y atraviesan plantaciones de piña, café y banano. Esto lo atrasará un poco, pero no se aburrirá, la vista es magnífica.

El Chocoyero alberga a muchos pájaros. La reserva es famosa por sus chocoyos verdes, cuyos nidos están cerca de las cataratas. Estos pueden ser vistos en grandes cantidades por las mañanas, cuando alzan el vuelo y se marchan, y por las tardes cuando regresan.

Ha sido una experiencia única, pero estoy tan ligado que siento no podré caminar en los siguientes días. Mis compañeros me motivan cada segundo, ojalá pueda mejorar mis técnicas al momento de pedalear.