Mi primer viaje a las Isletas

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Granada un lugar con historia y origen colonial se convirtió en mi destino ese fin de semana.

Era la primera vez que iba a viajar con la familia de mi novio y estaba muy nerviosa. Un día antes en la noche empecé a hacer la maleta, y eché ropa como que jamás iba a regresar a la casa. Le conté a Juan, mi novio, que quería que todo saliera bien, porque de verdad quería ganarme el corazón de sus padres, él me dijo que estuviera tranquila que ellos eran fácil de llevar.

Al día siguiente me desperté a las 05:00 de la mañana, en cuanto escuché que sonó la alarma que había dejado programada, me metí al baño y sin pensarlo dos veces dejé que me cayera el chorro de agua en la cabeza, estaba helada, pero era tanta mi emoción que no me importó.

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Salí del baño, me alisté y me fui a la cocina a buscar algo para desayunar, todavía era muy temprano y no tenía mucha hambre, pero no me gusta salir con el estómago vacío. Calenté un poco de leche y me la tomé con un pico dulce que había encima del comedor.

Estaba impaciente por irme, a cada rato miraba la pantalla del celular esperando a que Juan me escribiera o me llamara. Mi papá al verme tan ansiosa me dijo que me controlara que más bien me iba a dar algo de tanta ansiedad.

Eran casi las 07:30 de la mañana cuando escuché el timbre de mi celular, era Juan en efecto, me dijo que saliera a la pista que estaba en el carro esperándome con su familia. Corriendo agarré mi bolso, me despedí de mis padres y me fui.

Los nervios empezaron a invadir mi cuerpo, miraba el carro parqueado y sentía que sudaba helado. Llegué y saludé con un Buenos días. La hermana de Juan me abre la puerta y me dice que me suba. Yo era la más delgada de todos,me sentía como un fosforito, no alcanzábamos en el carro. Iba la hermana de Juan con sus dos hijos, el hermano de Juan que era quien conducía, el papá de Juan sentado en el asiento de copiloto y su mamá que también iba atrás, ah y obviamente Juan.

Ha pesar de ir apretados en la parte de atrás no sentí el tiempo que dilatamos en llegar a Granada, lo primero que ocupó mi sentido de la vista fue el parque de Granada, nos bajamos y nos sentamos en las mesitas del primer comedor que vimos, era Vigorón el Gordito, tengo que decir que quedé fascinada con el sabor, la yuca estaba que se desbarataba en la boca, el chicharrón estaba crujiente y la ensalada me hacía agua la boca con esas cebollitas y el toque acidito que en particular me vuelve loca.

Todos ya después de haber comido el respectivo vigorón nos volvimos a apiñar y seguir el rumbo hacia las Isletas. La hermana de Juan me comentó que ya habían venido anteriormente y que el lugar es muy bonito de un clima relajante y fresco. Eso me generaba más curiosidad e impaciencia.

Al llegar al Centro Turístico de Granada, en la costa del lago pude ver muchos restaurantes en los alrededores y el ambiente de balneario. En la costa llegan lancheros que ofrecen transporte hacia las Isletas. Las lanchas salen de 2 lugares, ya sea Puerto Marina Cocibolca o Puerto ASESE.

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En una lancha nos subimos todos y empezamos a conocer la inmensidad de las aguas y los diferentes animales que aparecían en el camino, así como garzas, peces y hasta monos que colgaban de algunas ramas de los árboles, también era mi primera vez viajando en lancha, de lo que puedo decir que al principio me dio un poco de mareo, pero luego me acostumbré al movimiento del agua.

Llegamos a una de las 365 Isletas que se formaron por la erupción del Volcán Mombacho, se llama Pico de Garza. Es un lugar muy bonito que ofrece vista al lago y al Volcán, se puede disfrutar de las aguas de la Isleta y también de piscinas, donde pueden participar niños y adultos. En el lugar brindan el servicio de kayak, salvavidas, neumáticos, tarima flotante y hasta hamacas para recostarse un rato.

Yo quedé impresionada, es muy diferente que ir al mar obviamente, pero la relajación es única. El agua es fresca, el aire se siente puro, el sonido de los árboles que hay en los alrededores genera tanta paz que no dan ganas de irse nunca.

Las Isletas de Granada son sin lugar a dudas un muy buen lugar para vacacionar, salir de la rutina, conocer más sobre los destinos turísticos que ofrece el país y para despejar la mente de los problemas diarios.

No puedo quejarme de esta salida que tuve con mis suegritos, ha sido una de las mejores experiencias y sin pensarlo volvería a ir. Me llevo de recuerdo la puesta del sol que aprecié viajando en la lancha cuando ya venía de regreso. Compartí bonitos momentos con Juan, me divertí con su familia y estoy segura que regresaré, solo espero que sea pronto.